Poco
importaba secar marcos y ventanas o recoger el agua del
piso,
el
resurgir de las viejas goteras acompañada por las nuevas,
las
horas prisionero tras los cristales,
era
más necesario el estruendoso sonido del aguacero,
ver
correr torrentes de agua limpia escaleras abajo,
los
charcos extendiéndose y atrapando los reflejos,
sentir
la minúscula capa de verde en gestación...